lunes, 13 de mayo de 2013

La mar de Afortunadas

Puesta de sol en el Atlantico desde el barco

Si eres de aquellos con vocación de náufrago sabrás que puedes dejar una isla por dos vías: a la manera de los pájaros o de los delfines. Las dos son sustitutivas y aportan placeres y vivencias distintas. Dado que el componente de incertidumbre (la bonita palabra aventura va cayendo en desuso, hasta en el cine la sustituyen por acción) se ha minimizado lo suficiente en pos de la esclavizadora seguridad, la visión del pájaro suele ser la ganadora en los desplazamientos o escapadas, (por qué las llamarán así si nunca salen bien, siempre terminas volviendo a la prisión de tu cotidianeidad) pero a veces no queda otra que abandonar tierra firme como los hijos de Poseidón.

En tierras canarias el barco se convierte en una opción a considerar, bien para desplazarse entre islas o para surcar los mares en pos de destinos más lejanos, opción en el primer caso ha de ser tenida en cuenta por los no residentes, como podrán comprobar sus carteras a poco que den un salto entre islas. El barco se convierte así en protagonista del viaje, dejando de ser un simple medio de transporte. La forma del casco de las embarcaciones aporta sensaciones encontrada: el rápido catamarán puede convertirse en una tortura cuando el invisible mar de fondo campe a sus anchas por las praderas líquidas del Gran Azul. El tranquilo ferry te ofrecerá en esos momentos la arquitectura de su casco para mecerte mientras contemplas la mar.
 
En travesías a los continentes cercanos la duración excede el día, por lo que un enchufe cerca de la butaca será de gran ayuda sí no quieres desengancharte de tu droga digital favorita, aunque también existe las opción de plantearse como una prolongada sobremesa a la orilla del mar, o un largo aperitivo, una larga fiesta o simplemente ese libro que lleva demasiado tiempo esperando por ti en la mesilla de noche. Avisado quedas sí piensas que es como ir en un crucero, porque ese no es el viaje.
 

Al ponerse el sol es como sí descubrieras ese instante nuevamente y te unieras a los espíritus de todos los marinos que antaño contemplaron el espectáculo de su propia vida desde dentro. Los rayos de luz te atraviesan sin causarte daño, algún ave aportará sus propios sonidos a la fotografía que adorne la escena, a veces  sonará la canción de tu vida y otras no habrá manera de huir de un lamentable chunda-chunda.

Considera que en un viaje por mar no hay concesión al tedio. El sacrificio del factor tiempo siempre estará bien empleado si tu disposición te acompaña. Recuerda que aunque seas pasajero, en un barco siempre hay algo que hacer, ese debe ser el espíritu que te acompañe en cubierta. No temas, habrás elegido bien. No hay que dudar de la inteligencia de los delfines...

miércoles, 8 de mayo de 2013

Green y playa escocesa

 
Véase el gentleman a la derecha de la imagen. Forma parte del espectáculo, y la magia, del Royal and Ancient Golf Club of Saint Andrews, la catedral del golf. Desconocemos si es uno de sus socios o si simplemente se ha dejado caer por allí para probar sus palos. Lleva un buen rato observando las condiciones del terreno, la brisa marina que pueda afectar a la trayectoria de la bola y otras variables que a los desconocedores de esa droga llamada golf les serán indiferentes. Sigue meditando, calculando y sopesando posibilidades, sin haberse decidido aún por el palo para dar el primer drive.
 
Como un mariscal de campo rodeado de su estado mayor comenta pormenores de los lances por venir con su caddie y demás personal que expertamente lo rodea. Los presentes aguardan expectantes el inicio del juego. El club tiene una plataforma de observación ligeramente elevada sobre el Old Course desde la que dos old fellows, estos sí portando el inevitable escudo distintivo en sus chaquetas, aguardan acontecimientos con prismáticos en mano.


Finalizado el parlamento, el jugador se calza parsimoniosamente el guante y decidido solicita un driver concreto al caddie. Con bola en el tee, una última mirada se dirige al horizonte, donde el verde y el azul se confunden y un gesto armonioso la impulsa en su trayectoria hasta casi perderse de vista. La ceremonia del comienzo ha finalizado y los presentes se separan, unos comenzando el recorrido y otros dirigiéndose al interior del edificio. 
 
Todo ha comenzado de nuevo en Saint Andrews. La magia escocesa ilumina el día y difumina las nubes, la alfombra vegetal que recubre el campo alarga nuestra mirada entre las ondulaciones del terreno, como si caminaras sobre un mar de color equívoco en busca de ese pequeño objeto de color blanco que vas siguiendo para volverlo a alejar de ti. Si estos temas tan banales no son lo tuyo no perderás el tiempo, el sabor de lo auténtico te calará como la lluvia de verano, porque su visión singular no es de las que se olvidan fácilmente. Dichoso juego del palo y la bola, que posee para siempre al que atrapa en sus redes ...

martes, 9 de abril de 2013

Córdoba, mi amor

Interior de la Mezquita de Cordoba
 
De repente te la encuentras, os miráis a los ojos y surge el flechazo. Te habla de su vida sin reparos e intentas mostrarle la tuya para corresponder a su confianza. Después de unos vinos sales a la calle y te coge de la mano. Miras sus maravillas, que a la vista de los demás (falsa ilusión) pudieran carecer de importancia. Su belleza te ciega pero no todo es felicidad, hay competencia con otras y recibirá satisfecha a otros admiradores. Tal vez surja el inevitable malentendido que arruine la historia por un momento, pero a la vuelta de la esquina todo se arreglará. Sólo queda una duda ¿Cómo demostrar tu amor a Córdoba, lo aceptará?

Calles de Cordoba

Puedes olvidar la guía de viajes en casa, solo sigue tus pasos a través de sus calles, todo llegará a su debido tiempo: el río, el barrio judío, la mezquita-catedral, locales hipnóticos y los sabores, sí, los sabores tan distintos y variados que te abrumarán; aunque no confundirás ninguno y todos querrás retener en la memoria. Siguen recorriéndola ¿Pasaste ya por esta calle o tan solo es un déjà vu? Que más da, si sus blancas paredes te envuelven como sábanas de algodón y acarician tu cara donde quiera que vayas. Desearás que esa búsqueda nunca termine.

 
Y volverá la noche. Del lado del río, el Guadalquivir te acunará y la luna con las estrellas iluminarán vuestro camino adonde hayáis elegido pasarla; mientras los ecos de palmas, cánticos, feroces guitarras y furiosos taconeos hacen de nana, sin que sepas esta vez si todo aquello fue real o soñado, si te dijo una cosa e hizo la contraria; si desde las paredes de la mezquita que con dedos temblorosos tocaste, el espíritu de algún nigromante andalusí sopló un encantamiento que nubló tus sentidos y te llevó a ver aquello que no existía, pero que pensabas que sí era; porque en Córdoba todo lo que deseaste queda guardado celosamente, esperando que vuelvas a buscarlo...

Plaza de Cordoba
 

Visiones impresionistas en Orsay



El Museo de Orsay es un auténtico contenedor de arte, las paredes de la antigua estación de tren acogen uno de los mayores tesoros impresionistas del mundo. El menú no produce empacho, ya que la distribución de las obras está compactada, quedando muchos iconos del arte moderno al alcance de la mano (¡se mira pero no se toca!). Cada cual tendrá sus preferidos, pero a veces en los detalles o en obras no tan conocidas aparecen pequeños tesoros a compartir. A modo de degustación podéis probar los siguientes:

Primer plato, Gérôme ejecutando los Gladiadores (el padre de las criaturas) Jean-Léon Gérôme (1824-1904), Aimé Morot (1850-1913).


No deja de tener cierta gracia el conjunto: a pesar de tratarse de un instante trágico a punto de quedar resuelto mientras el narciso de su autor, en un gesto si cabe todavía más teatral, mira a la cámara, indiferente al resultado de su propia obra. Bastante hace por el vencido, congelando el horror del momento y donde cada uno escoge el final que le dicta su imaginación. Viéndolo hay que preguntarse si se hizo photoshop con el cincel, alargando y estilizando su figura y quitándose alguna que otra arruga, que la posteridad es asunto muy serio. La realidad es que se tratan de dos obras en una, malpensado: el conjunto de los gladiadores, obra del pintor Gérôme y la propia representación del autor, incorporada por su yerno años más tarde a modo de homenaje a su suegro. Claro que la primera impresión es lo que cuenta...

Segundo plato, tríptico de Las edades del obrero (un hombre es un hombre). Léon Frédéric (1856-1940).


Esto es un tatuaje tabernario y lo demás historias de niños de papá jugando a ser malos. El brazo de un antiguo marinero en una travesía por la Polinesia o de un trabajador portuario (una interpretación muy libre en cualquier caso) reconvertido en labrador (que importante es saber adaptarse), delata su anterior trabajo y sitúa a los tatuajes en su contexto original, donde cada uno tenía una historia que merecía ser contada. La fortaleza de la extremidad, la tensión de su mano y los dedos enrojecidos delata el uso continuado de la fuerza física, ejercitada lejos de gimnasios de diseño y sin el barniz de un solarium, dignifican el trabajo de un hombre no precisamente joven.

Postre, El origen del mundo (pero que pelo tan lindo tienes) Gustave Courbet (1819-1877).


Bueno, para que negarlo, esto es y no es lo que parece. Parece Arte y lo es y si alguien se escandaliza debe saber que no es pornografía. Según parece, la obra se realizó bajo pedido y para el disfrute particular de un conocido diplomático turco de la época, se supone que atendiendo a los gustos de su dueño, y de la que se tuvo que desprender (con todo el dolor de su corazón, sin duda) al quedarse arruinado por el demonio del juego. Sería importante conocer el nombre que le puso el caballero a la obra y el proceso mental que llevó al marchante que se encontró en la tesitura de intentar desnatar la rotundidad de lo mostrado, o simplemente a darle un barniz de presentabilidad en sociedad. Es increíble que aún hoy en día siga turbando y sorprendiendo algo tan natural, si es que todos venimos de ahí dentro...

Al salir al exterior, si así has planificado la visita, puede que la noche te envuelva y que se despierten tus apetitos después de semejante orgía cultural. No queda tan lejos Saint-Suplíce y las sufrientes colas para entrar en Pierre Hermé y llevarse algo a la boca. La vista y el apetito quedan así unidos por distintas obras de arte, aunque cada una ataque distintas debilidades del humano animal...

sábado, 23 de marzo de 2013

Fort Apache

León de las Cortes Carrera de San Jeronimo Madrid

Si aprovecháis la Semana Santa para daros una vuelta por Madrid, (los nativos huyen, o huían, en fechas tan señaladas, dejando la vía expedita a extraños deseosos de conocerla), desde la Carrera de San Jerónimo no veréis esta imagen, sino la modificada por un cerco metálico hecho con casetas de obra a la manera del título de esta entrada, que rodea y entorpece la visión de los leoninos custodios del Congreso de los Diputados. En las inmediaciones, los azules del Séptimo de Caballería vigilan pie en tierra a quienes se acerquen a meditar a los pies de la figura de Don Miguel de Cervantes. Conviene ignorarles, hasta que se acostumbren a vuestra presencia, ya que sois vosotros a los que corresponde estar ahí.

Los expertos ofrecen varias explicaciones a la medieval mutación: Que si una bruja llegada de las Tierras Altas liberó fuerzas ocultas que convirtieron a los leones de forja en músculo y colmillos y que, por seguridad de la ciudadanía, lo mejor es enjaularlos para evitar males mayores; que si están haciendo reformas para apuntalar el edificio, no sea que se caiga y produzca alguna desgracia (corren rumores sobre que las obras durarán tanto como la crisis (¿Qué crisis?): una eternidad, vamos); y otras teorías tanto o más peregrinas que las anteriores.

Sin embargo, entre esos nativos ausentes, o no, ha calado al certeza de que aquellos que ocupan el edificio tienen miedo, miedo de los de afuera, del populacho; y que los ánimos caldeados pueden inflamarse por asuntos tan baladíes como imponer capa corta y tricornio, que no hacen otra cosa que ocultar las carencias de lo imprescindible que cada vez más ciudadanos van teniendo. Tal vez imaginen en sus cogotes el tacto áspero de la corbata que los desesperados voluntariamente visten y que ellos no tienen intención de llevar.

Dicen que si te acercas por la noche, cuando la ciudad intenta dormir, a la estatua de Cervantes se puede oír con toda claridad como el plomo en el que se ha convertido su sangre hierve con violencia en el interior. Quien sabe de lo que escribiría hoy, si tuviera la oportunidad...

La estatua de Cervantes frente a las Cortes a la sombra Carrera de San Jeronimo Madrid

domingo, 11 de noviembre de 2012

Por Carreteras Continentales

 
La forma de tomar conciencia de las distancias en USA es recorrerla. No importa que te lo haya contado el vecino del quinto que estuvo allí una temporada, ni que hayas tragado todo el género de las road movie (incluido el intragable), sólo caerá la venda de tus ojos cuando estés allí. Claro que ya puestos, lo mejor es mantener el clasicismo del Viaje Americano: lo recorrerás de este a oeste, ya que por algún motivo desconocido, la épica y las cosas que deben contarse suceden en esa dirección.
 
La vía elegida no importa tanto, aunque te dará experiencias diferentes. No es lo mismo ver como una pareja de probos ciudadanos salen pitando del área de descanso de una autopista en cuanto asomas la patita fuera del carro (aunque vistas como un nerd tu carro tiene matrícula de otro estado, forastero, ¿que haces por aquí?); a como te reciben en el parking de un supermercado sólo porque llevas la pinta de un tipo duro. Con el sombrero de cowboy parecerás americano aunque seas de Dos Hermanas, imprescindible si quieres causar buena impresión en su parte profunda.
 

Para los viajeros europeos, que viajan poca distancia en su continente para observar cambios significativos en el paisaje, las carreteras norteamericanas pueden abrumarles. No es cuestión de pocas horas, sino a veces de días para que esos cambios se produzcan. Si se te ha olvidado llevar el penúltimo cacharro emisor de música, la falta de una banda sonora de los DoorsSteppenwolf la puedes suplir con la cartelería  que salpimenta el paisaje: los clásicos de moteles, mercancías de cualquier tipo (pero muy morales, eh?) o el allí popular  "Don´t mess with Texas".
 

Y ya que hablamos de viajes por carretera, cuidado con pasarse de la velocidad límite. Es posible que a la entrada de la autopista te caigan como halcón sobre palomita que quería volar, o que en una carretera comarcal te esperen detrás de un cambio de rasante, con el radar apuntándote al medio de las cejas. Siempre puede suceder que el agente estuviera charlando con la chica del pueblo que tanto le gusta (apoyada en la ventanilla, claro), que aunque en las películas los pintan perfectos, la carne policial también tiene sus debilidades. Se pueden permitir caer de vez en cuando ...

martes, 30 de octubre de 2012

Decoraciones urbanas

Grafitti en comercio de Chueca Madrid

A lo largo de los años se ha ido produciendo en Madrid la recuperación de zona marginales situadas en pleno centro de la capital. La estrategia para lograrlo se ha orientado de diversas maneras: intervenciones urbanísticas que rehabilitaran los espacios públicos, respetando el espíritu de las calles, tanto en lugares públicos como privados; y la apertura de comercios (moda y hostelería principalmente) que atraían no sólo a los vecinos del barrio, sino también al resto de los ciudadanos y turistas y que servían de gancho para que otros sectores llenaran los bajos comerciales. Todo ello con el objeto de devolver la ciudad a la gente, entregándoles sus calles.
 
Son numerosas las acciones de regeneración realizadas. El arte urbano ha acompañado esta expansión, bien adornando medianeras y paredes o bien instalándose previamente  a modo de denuncia de esa marginalidad. A modo de ejemplo, podéis observar cosas como éstas:
 
En la emblemática zona de Chueca, llena de banderas multicolor y espíritu abierto a todo el que quiera pisar sus calles, "ya no cose ni tu abuela", dice el grafitti en la persiana metálica de una tienda. Ingenio al servicio de la publicidad (evitando de paso pintadas menos corporativas). Gran verdad, lisa y llana, porque si cose será con el incentivo de un soborno tal que nos encaminará  llenos de resignación a la tienda.

Arte Urbano en la Calle Ballesta Madrid

La Calle Ballesta corre paralela a la Gran Vía. Durante mucho tiempo fue Territorio Apache: hombre blanco no entrar si querer conservar entera cabellera y otras partes de su anatomía. Una polémica iniciativa privada, el Triball, cambió el tipo de clientes, de merodeadores a fashion victims. El saxofonista que adorna la pared de un edificio de la zona era impensable hace tan sólo cinco años. Si cierras los ojos, quizás te obsequie con ecos de un pasado canalla.

pegatina en una vivienda en ruinas del barrio de Malasaña Madrid
 
"Se lo cranean", los cyborg bailarines (¿¡de tango!?) como buenas máquinas humanas se lo piensan mientras ejecutan unos pasos. Decoran la puerta de una vivienda en ruinas a la que no dio tiempo de incluir en su correspondiente operación de maquillaje inmobiliario, por lo que la única decoración posible es la que le cedió gratuitamente un alma caritativa. No pienses que la vía es intransitable, porque es una de las venas que recorría la movida, yendo sus adoradores de un local a otro en Malasaña. El nombre tiene resonancias doblemente oscuras, lo cual no es de extrañar, ya que al igual que vampiros preferían la noche al día, aunque no bebieran precisamente sangre, aclaración necesaria para evitar que el Bloody Mary te lleve a error.
 
Tres motivos: publicidad, decoración y contestación; tres estilos diferentes: aerógrafo, pintura y pegatina. Es una forma de participar, que las manos (y la imaginación) están para algo más que teclear...

martes, 23 de octubre de 2012

Montauban no olvida al rey



Montauban da el tipo de una tranquila villa de los Midi-Pyrénées. Edificios antiguos, los árboles, el río, su mercado dominical; todos ellos hablan de sus orígenes al viajero no avisado, ese que lee en la guía de viajes sobre su Museo Ingres (es la ciudad natal del pintor) pero que se salta la parte que explica la historia de la ciudad. Tal vez más que en otro lugar sea necesario conocerla para entender el cuadro que se expone ante nuestros ojos.


El asentamiento original fue una bastida, la primera de Francia, un asentamiento medieval que buscaba el desarrollo económico de la zona donde se establecía, beneficiándose de ello el terrateniente, clero o nobleza, y el pueblo llano. Tal vez fuera ese origen lo que determinara su carácter como ciudad, llevándola a defenderse de quienes querían cambiarla.

Los avatares de la Historia le reservaron épocas de prosperidad, pero también de agitación: las pugnas religiosas entre el ejército del Rey y la ciudad  de hugonotes mantienen sus huellas en lugares estratégicos. La torre medieval de estilo tolosano de la iglesia de Saint-Jacques muestra sin complejos las cicatrices de los cañonazos reales que no pudieron doblegar la ciudad ni derribarla. Finalmente, con el Cardenal Richelieu al mando, la villa regresó al catolicismo y éste se encargó de recordar a la ciudad su subordinación al rey por los siglos de los siglos. Desde ese momento los símbolos reales, que perdurarían más allá de la propia monarquía, se pueden observar por toda la villa: los ya comentados cañonazos, la  monolítica catedral católica (de piedra blanca, un doble simbolismo, por lo costoso que era obtenerla en la región), con la que la ciudad volvió a admitir a la Virgen María, muestra de la supremacía religiosa, que también era política.



La cañoneada torre de Saint-Jacques, si bien la iglesia fue reconstruída, sus destrozos permanecieron a modo de advertencia. Hoy es también símbolo de la resistencia del pueblo al Rey, que siglos después explotaría definitivamente en París. No deja de resultar irónico el cuadro de Ingres, Voto de Luis XIII, en el que el rey derrotado en el asedio ofrece su cetro y corona a la Virgen María.Tal vez la imagen más dulce de tan violentos hechos sea la de las Boulets de Montauban, dulces de chocolate que imitan las balas de cañón de los ejércitos reales y cuya etiqueta cuenta el asedio de la ciudad. El paquete se cierra con una cinta del emblemático, no podía ser de otra forma, color rojo de Occitania.


Montauban es mucho más que su agitada historia, pero es necesaria conocerla para comprender multitud de detalles que, aún estando a la vista, se perderían. Recorre sus calles con paredes pintadas de tonalidades pastel, observa a sus gentes en las calles, habitantes y edificios son todo uno. Su vida apacible un día de primavera no se olvida fácilmente. Volveréis a escuchar de ella, ahora que la paz reina en sus calles...


domingo, 14 de octubre de 2012

La fuerza del tópico



El tópico siempre está presente en un viaje, sea para abrazarlo u olvidarlo. Tal vez os lleve de la mano en vuestro descubrimiento del lugar u os susurre al oído cuando creáis haberlo borrado de la mente. Lugares obligados, espectáculos y festejos célebres, ropaje pintorescos son muchas veces escurridizos si no te salen al paso (búsquese una flamenca en Canarias, por poner un ejemplo patrio), lo que depara bastantes sorpresas. Es un refugio cómodo para el viajero descansado y a la vuelta siempre resultará tema de conversación  al comprobar su existencia o por la decepción que crea su ausencia.

Bien mirado, el tópico no tiene por que ser negativo, siempre que lo pongamos en su sitio y seamos conscientes de que hay vida más allá. Las visitas cortas de tiempo te dirigen necesariamente a él, tal vez por el camino descubras algún rincón al que hacer tuyo. En Segovia os encontraréis sin buscarlos mucho con el  Club ACA:  AcueductoCochinillo y Alcázar salen a vuestro paso reclamando atención, aunque la parte del opíparo banquete sólo pueda ser imaginado al asomar la nariz a sus templos.



En el caso del Acueducto, ejemplo del poder imperial de Roma, que brillaba aún en sus lejanas provincias, las funcionales obras públicas que salvan el desnivel para transportar el agua siguen en pie como gigantes, llamando vuestra atención y exigiendo un recorrido completo en toda su longitud, explorando callejuelas para llegar a  su final, o buscado el inicio de su altura menguante para conocer donde empezaba la construcción.

Aunque vas más apresurado aún, la belleza del Alcázar te envuelve cuando penetras en él. El relumbrón de los artesonados del techo viene del incendio en el siglo XIX  que te obliga a contemplar sus réplicas y no los originales que hubieran destilado antiguas historias de caballería. Desde un balcón frente a la Sierra de Guadarrama imaginas dos muertes: la del infante Don Pedro al caer del mismo y el salto al vacío del aya, para purgar su trágico error.


Cuando regresas para seguir tu camino, la rebeldía de encontrar una visión que compense el disfrute de los impresionantes tópicos dirige tu mirada hacia la torre de la Catedral, entre casas bajas murallas y la seca naturaleza invernal. La roja luz del atardecer te regala sus paredes encendidas, que hasta la Sierra de la Mujer Muerta estaba de baja ese día...

lunes, 24 de septiembre de 2012

Se venden fantasmas


Abandonando la noche de Estambul decides regresar al hotel por Beyoğlu. Algunos escasos viandantes se cruzan contigo o  te sobrepasan. La noche es calurosa y de repente un  ptsss hace que súbitamente te vuelvas. No ves a nadie, tan sólo un maniquí con gorra de portero y estampado ochentero señala con su mano inmóvil la entrada de un callejón, «seguramente alguien escondido detrás» piensas, pero cuando te asomas sólo ves una procesión de extrañas prendas que te van llevando a una silenciosa tienda donde la ropa se haya colgada entre laberínticas hileras de perchas.


Ves algunos objetos interesantes pero ningún dependiente sale a atenderte. De repente, un crujido de ropajes llama tu atención. Te vuelves rápidamente pero allí no hay nada, entonces, por el rabillo del ojo ves, esta vez sí, un rápido movimiento. Al ir en su busca, giras por uno de los pasillos y te lo encuentras de repente: un amenazador traje de noche, de color azul, suspendido en el aire. Te quedas lívido, pero no te ha visto y con mucho cuidado, de puntillas, te das la vuelta y buscas la salida.
Al pasar al lado de una mesa tropiezas con algo blando, no había nada en tu camino, y dando un traspiés  te apoyas en la mesa para no caer. Varios objetos terminan en el suelo y el ruido produce un furioso sonido de telas y miriñaques detrás de ti. Ya sin ningún disimulo corres jadeante, buscando la salida. El frenesí a tus espaldas se va haciendo cada vez más fuerte y de las perchas salen  mangas vacías que entorpecen tu avance.



De repente te hayas frente a unas ventanas; sus paredes sostienen a unas figuras apresadas que tratan de detener el furor que se aproxima. Unos teléfonos suenan frenéticos a la vez, avisando de tu presencia. Sin pensarlo dos veces saltas por la ventana al jardín y escapas como alma que lleva el diablo. Crees oír un adiosss cuando sales corriendo a la calle.

Cuando te detienes sin aliento al lado de la Torre Gálata y los colores vuelven a tu rostro, en la lejanía una voz parece flotar en la distancia: «vuelva, olvidó su tiquet»...   



Nota: Tan solo es una historia, aunque los dependientes del vídeo son muy turbadores ¿Prefieres  realidad o  ilusión?

martes, 18 de septiembre de 2012

La Casa Ilustrada



Aunque hayan juntado todas las letras, no hace falta tener mucha imaginación para adivinar el sentido del barrio de Cimadevilla, en Gijón. Sus cuestas fuerzan a vecinos y visitantes a ejercitar las piernas para recorrer la ruta que les dirige a bares, restaurantes y demás lugares de interés de la zona. Es interesante ver como la urbanización del Cerro de Santa Catalina, donde Chillida reina sobre todos, y alrededores divide la costa asturiana aprovechando su orientación: desde allí hacia el este, recorres la playa de San Lorenzo por su paseo marítimo; mirando hacia el oeste verás la playa del Poniente, el puerto deportivo y la zona de astilleros.

Fachada de la Casa Natal de Jovellanos
Es en la base del cerro donde discretamente se muestra la piedra de la Casa Natal de Jovellanos, el Ilustrado. Si gráficamente hubiera de representarse el significado de ese edificio, chorros de potente luz deberían brotar de cuanta abertura y aún rendija tuviera, cegando a los necios que no quieren saber y alumbrando a todo aquel sediento de conocimiento, aún siendo ignorante por sus  circunstancias. Los bancos para sentarse ofrecen  un buen lugar para la reflexión mientras los árboles que dan sombra vigilan que nada importune al pensador. Si vas subiendo al jolgorio de la zona, no hay que despreciar sus evidentes posibilidades, y pasas por delante de sus aseados muros mírala un momento; puede que los ilustrados conceptos de observación y experimentación sean de gran ayuda en los momentos que han de llegar arriba.

El día en que Gaspar de Jovellanos dejó este mundo, murió en medio de una tempestad, para adentrarse en la verdadera claridad de La Ilustración, quedamos huérfanos de cosas que sin saberlo necesitábamos. Tal vez recordándolo por un momento vuelvan a nosotros, el rencor nunca estuvo de su lado...

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