lunes, 28 de mayo de 2012

Algunos nombres buenos


La parte más complicada de escribir este blog viene cuando alguien resulta interesado por sus textos y piensa que merecen algún tipo de reconocimiento. Entonces aparecen las dudas sobre como elegir las palabras precisas para agradecerlo, sobre si la réplica se quedará corta o se pasará de frenada. Para más inri, si al cerebro de mosquito se le ha olvidado considerar una mención anterior tendrá que pensar en disculparse: Snapping Life (disculpa Nieves la tardanza en continuar la cadena y mil gracias por tenerme en cuenta) y Transeúnte en Pos del Norte (muchas gracias Albert, valoro mucho tu opinión) han creído oportuno distinguir al viajero impresionista con el premio Liebster. Sus reglas son las siguientes:

Copiar y pegar el premio en el blog y enlazarlo al blogger que lo otorgó.

Señalar cinco blogs preferidos, que cuenten con menos de 200 seguidores, comunicárselo   por  comentarios en sus blogs o por otro medio que les haga saber que han recibido el premio.

Esperar a que esas bitácoras continúen con la cadena y elijan, a su vez, sus cinco blogs preferidos.


Por la parte que corresponde, la de a su vez elegir cinco blogs a los que premiar, tras poner a trabajar la neurona unidimensional y luchar contra la instalada indecisión que todo lo retrasa, se han creído merecedores del premio los siguientes blogs, juicio bastante difícil, ya que la calidad o el grado de aceptación de las bitácoras seguidas está muy nivelada, intentando razonar el por qué de su presencia en la lista. El orden en el que aparecen no supone ninguna clasificación o preferencia:

Hombrerrante: porque su reino no es de este mundo. Demuestra que un viaje puede ser cualquier cosa inimaginable y sin embargo mantener su esencia. Su mirada de Turquía y otros lugares queda envuelta por visiones que pueden parecer oníricas pero que de alguna manera se mantienen en tierra firme. Que viva el Landartismo.

Armando Rampas: tal vez en la guía que compraste para moverte por tu destino soñado aparezcan sus recomendaciones pero te dará motivos  que sólo leerás en él para ir a ese lugar. También suele pasar que a los editores no se les haya ocurrido incluir los lugares que aparecen en el blog, en cuyo caso, el chico/chica acompañante caerá rendido/a a tus pies.

SerViajera: quien pudiera escribir, fotografiar, transmitir y seguramente sentir así (manteniendo, claro está, el punto de vista marcianoimpresionista), pero es que siendo chico sólo se puede escribir una cosa a la vez  (eso después de haberla masticado en el mundo consciente). Encima este alma libre aparenta vivir de lo que le gusta y como le gusta.

El viaje de mi vida: si hay un gallego en la luna, tambièn te lo puedes encontrar en cualquier parte del mundo a bordo de Naranjito, un 2CV de los de toda la vida; peleándose por cruzar una frontera guardada por funcionarios (in)sobornables, embelleciendo paredes humildes con murales y encontrando insospechados compañeros de ruta. Que vida tan rica la tuya, compañeiro.

El alma difusa: cuando un relato te transporta a otro mundo, paralelo, cotidiano, posible o irreal te ha llevado de viaje sin moverte del sillón. Lo ha conseguido con pocas palabras, sin repetir esquemas a los que pudiera condenarte el formato, comprimiendo la esencia del texto en una bomba final que desatará tus emociones.

Cambiando de tercio, para enrojecer de la otra mejilla y autofustigarme merecidamente, se enlaza la  entrevista realizada PorViajeros y que no había tenido ninguna mención. Si es que no puede ser, impresionista, todo el día en babia, imaginando que imaginarás...

domingo, 20 de mayo de 2012

¡Qué sola estás, Kayaköy!



Vas pensando en la buseta que esto no tiene mucho sentido. En una tarde calurosa dejas los bártulos en la primera pensión que encuentras y te acicalas con tus mejores atuendos viajeros porque tienes una cita con unas casas abandonadas. Te recriminas no haber apurado un poco y haber perdido la que salía media hora antes. La interminable ruta te va llevando por los reinos hooligans, lugares impersonales comunes  a cualquier destino turístico de los súbditos de SGM. Coincide que hoy al sol le ha dado por ponerse más rápido (o es lo que parece) así que su fantástico ocaso lo verás en el medio de un atasco.


Cuando finalmente el dolmuş queda vacío el conductor, comprensivo él, acelera y pronto llegas a tu destino. Las últimas claridades iluminan la magnífica visión de la abandonada Kayaköy al pie de los Montes Tauro. No falta la inevitable bandera roja de la media luna, como si temieran que los espectros de los griegos expulsados regresaran a habitar las casas sin techo. Ganado escaso pace en los campos sin flores tranquilamente y como los visitantes ya se han ido el lugar queda para ti. Paredes rotas, techos desaparecidos, empedrados torcidos, iglesias magníficamente abandonadas; que bella es la desolación que te rodea.

El silencio es el compañero de Kayaköy, Omnipresente en la visita, no te incomoda, ya que no caminas por la muerte sino por el abandono indeseado. Las piedras no te hablan, sólo quieren ser contempladas en su desnudez. Cada casa es un monumento a la soledad, ese estado que los humanos rehuimos pero que a veces nos alcanza.



Kayaköy fue una consecuencia del nacimiento de Turquía como estado moderno. Se decidió el intercambio de poblaciones enteras con Grecia y su retorno al país de origen correspondiente. Los antiguos asentamientos no fueron ocupados debido a la situación (en una zona demasiado escarpada para cultivarla) y los desplazados terminaron convirtiéndose en refugiados. Algún que otro movimiento sísmico hizo del resto. Como los señores del ladrillo habitan en todas partes, se proyectó recuperar el pueblo transformándolo en una urbanización de veraneo, con sus correspondientes aditamentos. El Gobierno legisló para transformarlo en monumento nacional y así unos cientos de casas han llegado hasta nuestros días.


Llega la noche, la oscuridad es profunda y el silencio más intenso. Puedes recorrer sus calles con cuidado pero no tengas miedo, ningún aparecido te saldrá al paso. Las reformas del Padre Atatürk se encargaron de que los antiguos pobladores se llevaran todo, religiones y fantasmas incluidos, y ni siquiera una alimaña te hará compañía. Te has quedado solo, solo con Kayaköy, pero no temas, está encantada de tenerte a su lado...


domingo, 13 de mayo de 2012

Glorioso en su adversidad


Tal vez ciertos dioses no vieran con buenos ojos el éxito de la Villa y Puerto de Garachico. Quien sabe si el ruido que generaba sus frenética actividad molestaba a los demonios que moraban en las cavernas del Padre Teide o si tal vez el mismísimo Vulcano fuera despertado de su sueño. Ni el mar ni la lluvia ni el fuego habían conseguido doblegarla, por ello encargaron a un volcán menor de siniestro nombre, la Montaña Negra, escupir su ardiente veneno, sepultando varias calles del pueblo y destruyendo de paso su corazón: el puerto, del cual partía y llegaba la riqueza a la isla.





El título de la entrada nos cuenta el lema de la villa, uno de los puntos históricos de Tenerife. A modo de advertencia, la sombra del volcánico Teide se adentra en el mar los días en que las nubes no ocultan su pico de la superficie, haciendo visible la inmensa mole a los humanos. El recuerdo de la lava parece haber petrificado sus tranquilas calles, dignas ellas en su pulcritud, como intentado no hacer mucho ruido para que el subterráneo magma se olvide de que existe.

Garachico hoy tiene un nuevo puerto y un impoluto casco urbano. Aunque parece caminar de puntillas por la vida no es tímido, porque ha demostrado querer sobreponerse a la fatalidad de ser elegido por unos dioses caprichosos que le golpearon en lo mejor de su existencia. Atrás quedaron los días en que las torres sobresalían de los tejados para divisar los barcos que llegaban a puerto, pero sus famosas piscinas naturales, legado de la erupción, la llenan de alegría los abundantes días de calor.


A lo lejos, la imagen de los restos del antiguo pescante, uno de los varios intentos de reactivar la activad portuaria, se despide de vosotros. El hijo del banquero genovés Ponte sabe que conocéis el camino de regreso. Os espera para demostraros que aún puede, aunque la Naturaleza y los dioses oscuros lo tengan en el punto de mira...



jueves, 3 de mayo de 2012

Territorial pissings

Por algún motivo ignoto (véase el título de este asunto) nos encanta embadurnar/escribir/rascar en las paredes callejeras. Leyendo lo que escribían los antiguos romanos en ellas sabemos que el ser humano no ha cambiado tanto desde entonces. Nuestro conocimiento del mundo, la tecnología e incluso la moda nos han convertido en lo que somos hoy en día, pero en lo esencial seguimos igual que siempre y la vulgaridad y buen gusto han convivido desde entonces sin mayor problema.

Londres, que tiene todo lo que la vida puede ofrecer, nos muestra un catálogo diverso del sentido e ironías que tiene el decorar ladrillos urbanos. Hay vida más allá de Banksy y si no tienes ni tiempo ni ganas ni dinero sus calles te pueden transmitir cierta sensibilidad a las intervenciones más o menos artísticas que te encontrarás en tu camino por la ciudad del Támesis. No te olvides de sacarles una foto, si vuelves nadie te asegura que sigan donde las dejaste.

La primera imagen muestra un retrato popero de un militar imperial con un aviso a navegantes en la tienda de la esquina: «behave». No sabemos si lo pusieron antes o después de la decoración principal y sus correspondientes accesorios, pero que le quiten lo bailao al artista. Da un tono de cielo azul en los días grises y fríos de Shoreditch.


No es más banalidad sin mensaje: cualquiera de nosotros puede verse retratado en el bajorrelieve de VIHLS. Palabras como austeridad, sacrificios, Laponia, adquieren distintos significados en nuestra rica lengua (y en la de ellos también), ensombreciendo a quienes la escuchan. A juzgar por imágenes recientes de los alrededores de Brick Lane la cara mantiene  hoy su semblante, aunque está un poco castigada por la vida y pintaores varios.


El ladrillo proletario de toda la vida adquiere otra dimensión como soporte de loquesea que puedas encontrar en él: puedes imaginar el gesto de un soldado bajo presión, el nombre de Buxton Street en alfabeto bengalí(?) mientras llegaba el rótulo en inglés, torsos femeninos de principios de siglos pasados y hasta los colores de divinidades orientales o improbables Pato Lucas, se muestran milagrosamente intocados y abarcables en una sola toma de tu cámara.

Si no sabéis por cuanto tiempo seguirá la ausencia masiva de mensajes políticos en las paredes y la permanencia de las pintadas más soeces (u ocurrentes) en el baño y no os va participar en ello, dirígete al este de Londres y entenderás que el viaje que comenzó en Altamira hace miles de años ha llegado hasta nuestros días, pero de aquella manera...

martes, 24 de abril de 2012

El centro del universo


Intentar resumir en este limitado espacio los infinitos matices de la compostelana Plaza del Obradoiro es como querer llevar El Quijote al cine. Vano intento, tal es la densidad de  conocimiento e información asociada a las piedras que la forman que se le podría dedicar una bitácora monotemática a ello. Lo anterior no quita que las impresiones más vívidas encuentren alguna forma de ser transmitidas.

Por si no lo has intuido te encuentras en el medio de un lugar mágico, rodeado de edificios de granito representativos de los poderes que crearon y dieron auge a la ciudad en diferentes épocas y que la han llevado hasta nuestros días. Éstos miran a los minúsculos humanos como cíclopes a las estrellas:  sólo somos para ellos puntos en el firmamento de losas que recubren su superficie, frágiles y temblorosos en su lejanía. Allí nos movemos con lentitud, aplastados por la rotunda solidez de las dimensiones del conjunto.


El protagonista absoluto es la Catedral de Santiago, símbolo de muchas cosas: poder religioso en la tierra, que antaño también fuera político; punto final del Camino de Santiago, imán para millones de visitantes que durante siglos no han dejado de venir a visitar la tumba del apóstol; cuya historia está llena de cambios y vicisitudes. El simbolismo presente en toda la plaza adquiere sentido si vemos la disposición de los edificios: catedral y gobierno regional frente a frente y a los lados, como los dos ladrones de la crucifixión, hostal y edificio universitario.

El poder de los que llegan a la ciudad, que antaño venían con noticias de buena parte del mundo conocido, está representado en el Parador Nacional, situado a la derecha de la catedral. El antiguo Hospital Real mantiene su carácter hostelero, aunque los peregrinos de verdad tengan ahora que alojarse más allá de sus muros (no hay más que ver la puerta de entrada de la primera imagen para comprenderlo). Nos recuerda que una de las razones de ser de Santiago está en los que vienen a conocerla, a los que la ciudad se vuelca en atender ya que suponen una fuente de ingresos y de transmisión de sus maravillas para quienes que están por venir.


Ciudad de estudiantes, el poder de la Universidad se manifiesta en su rectorado, situado a la izquierda de la catedral. Pequeño en tamaño, si lo comparamos con el resto de edificios en la plaza, el ladrón malo no deja de simbolizar la sangre joven de los estudiantes que  se divierten en sus calles, cuyos días allí son el comienzo de una nueva vida. Son el futuro, lo que será y vendrá y sobre quienes su paso por Compostela fijará un recuerdo imborrable en la memoria.


Por último, mirando  de frente a la Catedral se encuentra el Palacio de Raxoi, símbolo del poder político actual y antigua escuela de confesores. La ciudad se convirtió en la capital de Galicia a comienzos de la etapa democrática y llevó una legión de funcionarios a trabajar allí, muchos de los cuales se desplazan diariamente de localidades cercanas.

Todo este espacio es llenado por visitantes, curiosos, peregrinos, turistas y aquellos que realizan sus labores en los cuatro edificios mencionados. Los cíclopes que una vez fueron simulan dormir, pero no pierden detalle de lo que sucede en la plaza, no en vano las estrellas han guiado a través de los siglos a todos los que han querido llegar allí. Quien sabe si no echarán en falta a alguno, que en un descuido rápidamente desaparecerá en su rocosa mano. Total, somos tantos y tan pequeños, moviéndonos tan despacio y mirando siempre a las estrellas...

miércoles, 11 de abril de 2012

El pausado ritmo del canal

El Canal de Deux Mers

En aquellos casos en los que tu vida se parece a unas carretas pioneras sobre las que llueven sin cesar las flechas arapahoes (o de la tribu de tu preferencia), los innombrados expertos recomiendan evocar una imagen de paz que ayude a sentirte bien, o al menos a evadirte momentáneamente de la presión insoportable a la que estés sometido. Si entre tu colección de recuerdos aparecen los de un viaje por el Canal des Deux Mers, estos aflorarán sin dificultad y crearán un círculo de fuego para defenderte de la agresión exterior.


Imagina un viaje en el que puedas cruzar el sur de Francia en barco, de Marsella  a Burdeos en la compañía elegida, o tan sólo esperando hallarla. Salen a tu paso ciudades como Toulouse (punto de unión del Garona con el  Canal du Midi), Carcassonne, Narbonne... Si necesitas sentir más velocidad, tierra firme o tocar las ramas de los árboles, haz una carrera en bicicleta (el paseo aprovecha las sendas que utilizaban los caballos para tirar de las barcazas) sin perder de vista el agua y tu embarcación. Refréscate con una copa de champagne después del ejercicio mientras lentamente devoras la distancia con la mirada.

Paseo en Bicicleta por el Canal du Deux Mers

No estás escuchando una propuesta sibarita, la embarcación y sus amarres son realmente asequibles, sino de paz y de aprendizaje de otro ritmo para que esa visión que vas buscando aparezca en un recodo del río. Tampoco hace falta haber surcado los siete mares para navegar por sus aguas, precaución razonable y el mando de las esclusas serán las herramientas adecuadas para ello. A la altura de Moissac, el Garona cruza (que no confluye) el río Tarn. La canalización del primero, construído con la obra original, es tan resistente que, cuando tiempo atrás una riada se llevó el puente ferroviario, éste se utilizó temporalmente como vía ferroviaria.

El puente del Canal de Garona sobre el río Tarn

Tu sueño lo hizo realidad el funcionario Riquet en el siglo XVII, persiguiendo el suyo y el de otros que lo precedieron. El hoy Bien del Patrimonio de la Humanidad se pensó como una vía fluvial para el transporte de mercancías; si bien su uso ha cambiado, el espíritu de la letra se mantiene, ya que miles de turistas lo recorren cada año.

Llámalo arqueología del transporte, voces de otras épocas o nostalgia de lo que se fue, pero no pugnes por encontrar un significado más allá de lo que ves. Aunque estás allí a cubierto de todo una lluvia veraniega te empapa, no importa: viniste del agua y vuelves a ella, en la tierra sólo estás de tránsito...


lunes, 2 de abril de 2012

La Piedad

La Piedad de Miguel Angel Buonarroti

El mármol se torna cálido aún en pleno invierno al contemplar la visión de La Pietá, obra de  un Michelangelo Buonarroti de sólo veinticuatro años. La visión, tan apropiada a estos días de dolor religioso, está envuelta en una infinita ternura. El conjunto te hipnotiza de manera que parece a punto de cobrar vida y físicamente te atrae, haciendo que sin notarlo te inclines hacia las figuras intentando salvar el cordón que os separa. Sin ser consciente del tiempo que pasa, esperas y esperas a que respirando una figura exhale su último suspiro y la otra comience a llorar. No te vayas, que está a punto de suceder en este mismo instante.

Mientras aguardas, olvidando que te encuentras entre las paredes del Vaticano, te fijas más aún: ¿Madre e Hijo? Son dos figuras  que representan a jóvenes, él incluso más mayor. La delicadeza y la pena de una impresiona y el desamparo de la otra conmueve. La luz que cae sobre ellas las convierte en protagonistas y crea una mágica ilusión de la belleza que el artista regala a los espectadores. Hace años uno de ellos, trastornado, atacó a martillazos  la escultura, dañando la figura femenina.

Despierta, que todavía queda mucho que ver: la Sixtina, por ejemplo ¿o también sucumbirás a una sobredosis de belleza? Al vigilante del museo debería otorgársele atribuciones de pelllizcador/pinchador de alelados y además tener a mano un lazo vaquero, sólo para el caso de agresores chiflados o espectadores que levitaran inopinadamente...



domingo, 18 de marzo de 2012

El país de la ñ


Nunca sabréis adivinar cuando aparecerán los instantes mágicos, ésos que os despiertan de la nebulosa irreal de los viajes para, en un sólo gesto, preparar la cámara, apuntar y disparar mientras pensáis que la oportunidad de tomar las mejores fotos del momento ya han pasado. Aquí la falta de rapidez nos hurta una fisonomía singular, la pose desafiante del ciclista de la camisa azul y una bandera desplegada.

En este país al que niegan su nombre, de himno sin letra (o más o menos  confundido ) y bandera a la que no siempre levantan de la cama, la imagen se antoja irreal, envuelta como iba en una estridente banda sonora de ritmo marcial a la altura del, fíjese usted, Palacio Real. No es posible saber si los guardias tirarían a dar o saludaron a su paso, que no están los tiempos para andar malgastando la pólvora del Rey; el ciclista/funambulista, como si no fuera con él; los paseantes, a lo suyo, que tan sólo era otro atardecer en el verano de Madrid.

martes, 6 de marzo de 2012

Volutas de metal

Forjado en teteria de Caceres

Buscado algún lugar donde entrar en calor, aparece una puerta de aspecto marroquí al lado de la Plaza Mayor de Cáceres. No es una impostura, teniendo en cuenta que entre sus muchos pasados se encuentra también el de ciudad árabe (sólo hay que ver la torre de la Plaza Mayor). La vieja madera de la entrada transmite autenticidad y el oscuro interior, lleno mesas bajas ocupadas por parejas bebiendo té y tomando dulces, contrasta con la luminosa calle. La claridad vuelve a llamaros al fondo del local, donde un patio vacío de gente os recibe dando cancha a vuestras ganas de intimidad (o a la vena antisocial, según se mire) y sus colores cálidos hacen olvidar el objeto que os impulsó a entrar. Una pequeña fuente da conversación con el sonido del agua, que mana entre su contorno estrellado de seis puntas.

Es cuando os sirven la humeante tetera que, siguiendo con la mirada las volutas que se escapan de su interior, éstas os llevan a mirar al cielo y os dais cuenta de que se han vuelto sólidas y que estáis atrapados en el interior de una jaula cuya función es la de imponeros el disfrute del momento y no dejaros marchar hasta que hayáis cumplido esa tarea. Por si llevabais la guardia baja, fijaros en la imagen: los ojos de lechuza de un genio oriental os contemplan. Pajarillos, trinadle ahora al agua, pero no digáis que no os lo advirtieron...


miércoles, 29 de febrero de 2012

Medios de pago en Morrocoy

En lancha por los manglares de Morrocoy

Tripulaba su fueraborda ajeno a las islas de corales milenarios surgidos de las aguas adornadas por manglares. Vagamente apercibido de las lanchas con pasajeros que dejaba atrás, miraba a su futura mujer, vigilado por su futura familia política y observado por sus amigos presentes. La estela de otra lancha en sentido contrario chocó contra la quilla y lo devolvió a la realidad, quitándolo del modo piloto automático  en el que sus frecuentes desplazamientos por la zona lo habían sumido.

De camino a Cayo Sombrero se detuvo en Los Juanes, unos bajíos a mitad de camino donde las embarcaciones hacían su parada técnica para bañarse, tomarse unos cervezas (o unos rones) o comer. Los más extravagantes ponían su mesa de dominó y jugaban unas partidas, teniendo cavas y neveras a mano, engañando al sol con unas gafas de protección termonuclear. Incluso allí, separados de tierra firme, los vendedores ambulantes hacían su agosto pregonando toda clase de mercaderías.

Llamaron por señas a un pescador que desde su barca ofrecía langostas caribeñas  y ostras regadas con jugo de lima. Después de hartarse todos de marisco, el anfitrión comunicó sibilinamente que sólo podía pagarle con tarjeta de crédito. La expectación de los presentes duró poco: «¿Visa o Mastercard, jefe?», respondió el pescador mientras con agilidad trilera sacaba de una caja las bacaladeras con el formulario listo para completarse.

Mientras resignadamente firmaba el recibo, pensó que la próxima vez que pisara un aeropuerto haría más caso de las chicas de American Express, aunque con pocas esperanzas, que  esos gringos imperialistas eran capaces de haber armado al pescador con un TPV 3G...

Llegando a Cayo Sombrero

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